En la conciencia arde un mago eterno,
templa en su llama la palabra clara,
el sueño quiebra su silencio interno,
y un canto fluye donde el verso para.
La aurora llama al loco, su pregunta,
se torna acero, eslabón de esencia,
un festín surge, la visión conjunta,
la danza es fuego, rima su presencia.
Querubines se alzan, vibran cristales,
sus violines tejen un canto puro,
y entre su música, ecos inmortales,
el mago siembra su destino oscuro.
Palabra alzada, luz y brasa viva,
su fluir graba un soneto en su esfera,
un cielo abierto, sin prenda altiva,
define un fuego que nunca se espera.
Así, lo eterno danza en armonía,
un oro vivo, prima cerebral,
el verso brilla, rompe la agonía,
y al nacer deja un silencio vital.
Gastón Gimenez

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