jueves, 21 de noviembre de 2024

Noticias Presentes en mentes ausentes 2

 


Nos alejamos de la ciudad durante un tiempo, mientras las noticias avanzaban respecto a la agenda a implementar. Se habían suscitado encierros masivos, pero nadie contaba que cuando todos estábamos en casa, se montaban tremendas torres de comunicación, antenas plasmadas por todas partes y las piezas del rompecabezas iban acomodándose. En ese momento, comenzaría una guerra sin lágrimas, sin registrar las aberraciones diarias y la gran cantidad de muertes súbitas. En todo el mundo aparecían las mismas noticias, creaban caos, miedo y los medios masivos al unísono, todos con la misma data mentirosa, aterraban a la población desprevenida.

Todo este plan gestado comenzó con ellos, los ancianos. Cuando el mundo mordió el anzuelo y creyó la paranoia mundial, comenzó el acecho. Permanecían horas arriba de las ambulancias en pleno invierno, con la excusa de que deben ser aislados. Ancianos sometidos a usar un trapo sucio en sus caras, borrando la sonrisa de sus rostros, barbijos que ocultaban la humanidad en sus miradas. Barbijos que, en una comparación ridícula, eran tan inútiles como meter un caño de escape en un motor. Al igual que ese caño no hacía más que recircular los gases tóxicos, los barbijos obligaban a respirar nuestro propio anhídrido carbónico, aquel que debemos desechar para evitar la formación de bacterias en nuestra boca.

Ambulancias que, en realidad, no llevaron a los ancianos a hospitales o lugares seguros, sino hacia un destino mucho más oscuro. Fue con los ancianos en residencias, hospedajes y hospitales. Fue una inoculación masiva de la interfaz líquida y destructiva.

La población, inundada por el miedo y la incertidumbre, no pudo ver más allá de la fachada que se les presentó. Pero no solo los ancianos eran objeto de este perverso engaño de sanidad. Los niños también estaban en la mira. A medida que avanzaba el plan, se empezaban a implementar medidas que afectarían a las generaciones más jóvenes, sometiéndolos a los mismos protocolos nefastos.

Mientras el mundo estaba distraído, las mentes de los ancianos, a medida que pasaban los días, eran invadidas por la interfaz. Incluso luego de ser pinchados, muchos morían en el acto, mientras que otros resistían al veneno, convirtiéndolos en marionetas sin voluntad propia.

Las imágenes de ambulancias y camionetas cargando a los ancianos eran cuidadosamente orquestadas. Las historias de emergencias y necesidad de atención médica urgente se repetían una y otra vez en los medios de comunicación. Sin embargo, la verdad era mucho más sombría. Los vehículos que los transportaban no llevaban a los ancianos a hospitales o lugares seguros, sino hacia un destino mucho más oscuro.

La interfaz líquida y destructiva se introducía en sus cuerpos de manera silenciosa y letal. Eran prisioneros de una realidad distorsionada, donde la verdad se esfumaba y solo quedaba el eco de las mentiras.

El caos y la confusión se multiplicaban a medida que más y más ancianos caían bajo el influjo de esta interfaz. La sociedad, incapaz de comprender la magnitud del engaño, siguió adelante en su espiral descendente. La resistencia, no obstante, no se había rendido. Un pequeño grupo de individuos valientes había logrado descifrar el plan oculto y se dedicaba a liberar las mentes aprisionadas.

Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar, y la verdad emergía lentamente de entre las sombras. La lucha por la libertad y la supervivencia se intensificaba, mientras que la batalla se extendía más allá de los ancianos y alcanzaba a todos los rincones de la sociedad. Aquellos que habían sido manipulados y controlados estaban despertando, uniendo sus fuerzas a la resistencia en un intento desesperado por deshacer el daño causado por la interfaz líquida.

La guerra sin lágrimas estaba lejos de terminar. Los ancianos, una vez víctimas indefensas, se estaban convirtiendo en los héroes inesperados de esta historia...

G.D

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