No tememos a la noche ni a sus horrores,
nuestra fe es la espada que rompe los rumores.
En la quietud de la tormenta, encontramos la calma,
en la lucha ferviente, se forja nuestra alma.
En el viento resuena el grito del valiente,
que desafía al miedo con paso coherente.
El oscuro acecha, pero su sombra se rompe,
ante la luz de los hombres que nunca se asome.
El camino es largo, la verdad es escasa,
pero el alma que lucha siempre avanza y abraza.
No caemos ante el yugo, ni ante la mentira,
cargamos la antorcha que nunca se retira.
Con cada paso firme, se deshacen las cadenas,
el grito de los libres rompe las condenas.
La fe es nuestra guía, nuestra fuerza y aliada,
y en la lucha constante, la esperanza es renovada.
El enemigo murmura, en su glotonería ciega,
pero en su engaño, su poder se despliega.
Nosotros resistimos, con coraje y unidad,
porque la verdad es un faro, en medio de la oscuridad.
Cruzaremos la espada de la verdad,
romperemos cadenas impropias, sin piedad.
Y si la próspera luz de la vida nos guía,
los laureles serán el grito de la última agonía.
Gastón Gimenez

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